El espejo encantado

Hola a tod@s!! Este mes vuelvo con un nuevo relato que, como su propio nombre indica, también es de género fantástico (no sé si cambiaré algún día de género, pero de momento no, jeje).

Os lo dejo a continuación y ya sabéis que se aceptan críticas, buenas o malas. ¡Feliz lectura!

EL ESPEJO ENCANTADO

En un lugar muy, muy lejano, había un reino habitado por hadas y duendes; un lugar mágico, pues sus habitantes gozaban de poderes sobrenaturales.

En el castillo de las hadas, había una habitación destinada a guardar un espejo: el espejo encantado, el cual tenía propiedades mágicas, pues con el poder de las hadas podía mostrar el mundo de los humanos. Pero sólo la reina de las hadas, era la encargada de viajar hasta aquel mundo y ayudar a los niños más necesitados haciendo realidad sus sueños más desesperados.

Después de muchos años de prosperidad, un duende llamado Maglor robó el espejo encantado del reino de las hadas. La reina, apenada por la noticia, le encomienda a su hija Lila, un hada sencilla de cabellos y ojos rosados, la misión de recuperarlo.

—Será peligroso Lila. No debes tardar en regresar, puedes cambiar demasiado en ese lugar.
—Tranquila madre, iré al Bosque Encantado y no volveré hasta haber recuperado el espejo.Deberíamos acabar con él, estoy tan decepcionada…
—Lila, con el destierro de uno de los nuestros a ese bosque maldito debe ser suficiente.
—Pero él…yo…
—Basta Lila, Maglor es diferente, es perverso, ruin y mezquino.

La reina dio por finalizada la conversación, dándole la espalda y despidiendo al hada con un sencillo gesto de mano.

A la mañana siguiente, Lila sobrevolaba los árboles del Bosque Encantado y se dirigía hacia el corazón del mismo, en el cual distinguió una torre. Conforme se acercaba, vio un balconcito, en el que una silueta ataviada con una túnica negra, la aguardaba impaciente. El hada quedó suspendida en el aire frente a la figura que sonreía misteriosamente.

               —Bienvenida a mi torre, Lila.
               —Maglor, he venido a recuperar lo que nos pertenece.
               —Oh, pasa por favor, ponte cómoda —Maglor se echó a un lado amablemente para dejar pasar a Lila.

El hada entró con precaución, observando cada detalle de aquella habitación y agudizando los cinco sentidos. Observó a Maglor que se acercaba a ella con sus andares desgarbados, su cabello oscuro, sus ojos claros y su radiante sonrisa, tendiéndole la mano.

               —Mi querida Lila, tan hermosa, tan dulce…
               —Maglor, he venido por el espejo encantado. No sé por qué lo robaste, pero sin él no podemos ver…
               —El mundo de los humanos —interrumpió Maglor alejándose de ella—. He pensado mucho en ello y estoy dispuesto a hacer un trato. Quiero algo a cambio.
               —¿El qué? —preguntó Lila temerosa.
               —A ti.

Lila se sintió ruborizada, nerviosa, con el corazón latiendo fuertemente en su pecho y no pudo decir nada al respecto.

               —¿No te lo ha contado la reina?
               —¿Qué debió contarme?
               —Le dije que estaba enamorado de ti —vio la incredulidad del hada— Es cierto Lila, le aterra la soledad, no quiere compartirte con nadie, quiere tenerte a su lado para siempre y no sentirse sola. Por eso me desterró aquí, pensó que si tú y yo... —Maglor habló esta vez un tanto avergonzado —. Robé el espejo con la esperanza de que viniera y pudiéramos retomar aquella conversación. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por estar cerca de ti.
               —No creo tus palabras, pretendes engañarme.
               —No, Lila, te equivocas. ¿Quieres el espejo? Está en el sótano de esta torre, ve y compruébalo, pero no hallarás en él lo que la reina os hace creer.
               —¿Qué? —Lila estaba muy confundida.
               —El espejo encantado no muestra el mundo de los humanos, es un artilugio a través del cual tu madre se mantiene sana. Lo he visto Lila, descubrí su secreto y me odia por ello. ¿Acaso ha caído enferma alguna vez?
               —No… Nunca —por alguna razón Lila empezaba a creer a Maglor, pero debía comprobarlo.

Voló escaleras abajo y abrió las puertas que guardaban el sótano para comprobar que allí estaba el espejo encantado, aquel espejo plateado con filigranas doradas. «Muéstrame el mundo humano» pensó Lila, pero nada ocurrió.

               —Muéstrame el mundo humano —esta vez dio la orden en voz alta, pero siguió sin suceder nada. Sintió una presencia tras de sí y vio a Maglor —. Es cierto todo lo que…

Vio asentir al duende y, con lágrimas en los ojos, se marchó volando a toda prisa de regreso al reino de las hadas.

Lila entró en los aposentos de su madre sorprendiéndola.

               —¡Lila! —exclamó la reina —. ¿Y el espejo?
               —Madre, ¿para qué sirve el espejo?
               —Para llevarnos al mundo de los humanos, naturalmente.
               —He visto el espejo y no me lo ha mostrado.
               —Tú no eres la reina, hija mía. Pero dime, ¿dónde está el espejo?
               —Nunca te lo diré —abrió las alas dispuesta a levantar el vuelo.
               —¿Dónde vas Lila? ¡Vuelve aquí! — exclamó la reina furiosa.
               —Soy la prisionera de Maglor, he venido a decirte que te espera en la torre del Bosque Encantado.

Lila voló durante toda la noche de vuelta a la torre del duende. Se sentía muy cansada y confundida. Recordaba a Maglor cuando era un joven pícaro y todas las hadas suspiraban por aquel duende de ojos claros y sonrisa radiante. «Bueno, sigue siendo guapo» pensó Lila sonrojándose y sonriéndose al mismo tiempo.
Cuando llegó, todavía era de noche, de modo que se sentó en la barandilla del balcón a esperar a que amaneciese.

               —¿Lila? —preguntó Maglor sorprendido cuando la descubrió allí sentada—. ¿Has vuelto?
               —Soy tu prisionera —le sonrió—. Le di tu mensaje a la reina, si es cierto que no quiere perderme, vendrá.
               —Claro que no quiero perderte, mi niña —la voz de la reina los sobresaltó —. Maglor, cuánto tiempo. Dime, ¿dónde escondes mi espejo?
               —En el sótano, majestad.

La reina fue al sótano, seguida por Lila y Maglor. Su rostro se iluminó de alegría al ver el espejo de nuevo, tocó las filigranas doradas y toda ella emitió un resplandor divino, brillante. «Maglor tenía razón» pensó Lila mirando al duende. «Madre ha mentido todo este tiempo»

               —Majestad, puede llevárselo a cambio de Lila.
               —¡No! No permitiré que la apartes de mi lado. Ella se viene conmigo, es mi hija.
               —¿Y si yo no quiero ir, madre? Nos has mentido siempre, creíamos que éramos hadas buenas que ayudaban a los niños humanos a realizar sus sueños, pero lo único que hacíamos era entregar el poder al espejo para tu propio beneficio.
               —¡Mentira!
               —Maglor no es malo. Tú eres la perversa, ruin y mezquina —le espetó Lila con rabia—. Eres tú quién merece el destierro y la soledad para siempre.
               —¡Maldito seas Maglor! —la reina se abalanzó sobre el duende, pero Lila le lanzó un hechizo paralizador antes de que pudiese ponerle la mano encima—. ¿Por qué Lila?
               —Adiós, madre —diciendo esto, Lila cortó las alas de la reina arrebatándole todo su poder y la encerró allí.

Lila lanzó un conjuro a la torre para que nadie pudiese entrar o salir, el cual se rompería cuando la reina se deshiciera de su egoísmo.

Días después, Lila regresó al reino junto a Maglor y explicó lo sucedido a todo el reino. Hadas y duendes escucharon estupefactos la historia de Lila, la cual lloró durante días y días sin consuelo. De vez en cuando visitaba a su madre, pero seguía siendo la misma reina egocéntrica que dejó allí encerrada, sin separarse de su preciado espejo.


Años después cambió, cuando el Bosque Encantado había influido sobre ella convirtiéndola en un zorro, pero era demasiado tarde para volver junto a Lila.