El lápiz mágico

Hola a todos!!

Con esta entrada quiero anunciar que cada mes intentaré subir un microrrelato nuevo. Así os voy entreteniendo mientras acabamos de preparar todo para el lanzamiento de El Legado de Thalios.

Este mes el microrrelato que he subido es de setecientas cincuenta palabras y se titula: "El lápiz mágico". Nada mejor para empezar que una buena dosis de fantasía. Para leerlo podéis ir a la pestaña de RELATOS o pinchad aquí.

Me gustaría mucho que me dijeráis si la idea os gusta, si es un buen escrito, lo que os ha gustado, lo que no, incluso lo que os gustaría para tenerlo en cuenta cuando extienda esta historia a relato/cuento. Acepto críticas.

Gracias y feliz lectura.

EL LAPIZ MAGICO

Sofía se sentó en un banco y empezó a leer en silencio “Las aventuras de Slark”, un joven príncipe que abandona su Reino buscando aventuras. Las clases habían terminado y tenía por delante el fin de semana.
Al cabo de un buen rato levantó la vista y vio ante ella un camino que se adentraba hacia la zona más oscura del parque. Sofía guardó el libro en la mochila y lo siguió hasta llegar a una pequeña casa. La puerta se abrió sola en cuanto Sofía se acercó y una voz aguda le dijo:
—Bienvenida Sofía, pasa, no te quedes en la puerta.

Sofía notó como alguien la empujaba hacia el interior, pero tras ella no había nadie.
—¿Quién es usted? – preguntó la muchacha asustada.
—Soy una bruja —la anciana removió el perol—. No te quedes de pie, siéntate —chasqueó los dedos y una silla se acercó trotando como un caballo hasta quedar al lado de Sofía.

La muchacha se sentó con cuidado y observó la habitación: el perol que removía la bruja estaba en la chimenea y al lado había una estantería estrecha con libros polvorientos. Sofía entrecerraba los ojos para ver en la oscuridad, pero no distinguió nada más. Dos palmadas de la bruja la sobresaltaron y al instante apareció una mesa ante ella. La observó sentarse frente a ella con un cuenco de sopa verde.
—¿Quieres niña? Sopa de rana —la saboreó—. Muy rica.
—No, gracias, yo…
—No puedes irte sin tu regalo de cumpleaños —dijo mientras sorbía la sopa—. Cumpliste diecinueve años y quiero hacerte un regalo muy especial que te ayudará en el futuro —bebió del plato como si se tratase de un vaso—. Bien, quieres dedicarte a escribir historias —la bruja se remangó y con un ligero movimiento de manos hizo aparecer un lápiz—. Que lo disfrutes —dijo sonriendo mientras se lo ofrecía.

Sofía lo aceptó dubitativa.
—Es un lápiz mágico, con él vivirás cientos de aventuras que luego podrás escribir —sonrió de nuevo—. Saca papel y escribe: «Un gato maullaba en la oscuridad».

Sofía obedeció. De pronto se oyeron maullidos y la bruja penetró en la oscuridad en su busca. Regresó con un gato negro de ojos azules entre los brazos.
—Gracias por el gato, querida. Úsalo con cuidado y diviértete.

Dicho esto la bruja empezó a mover manos y brazos en todas direcciones. Sofía miró hacia todos lados y vio como la casa y sus objetos daban vueltas sin parar.
—¿Y si algo no me gusta? ¿Cómo lo hago desaparecer?

Sofía se encontraba en el banco del parque con el lápiz en la mano. Guardó el cuaderno y se fue a casa. Se puso frente al espejo que colgaba de la pared de su dormitorio y escribió: «Ante mí vi una puerta, la cual me llevaría al interior de un castillo encantado». El espejo de Sofía desapareció dando lugar a una puerta. Sofía la abrió y se sorprendió al ver un gran vestíbulo adornado con cuadros y una alfombra roja que llevaba hasta una escalera. Entró, cerró la puerta y volvió a abrirla esperando encontrar su habitación, pero no fue así. Ante ella estaba el jardín más hermoso que se pueda imaginar. Recorrió las estancias del castillo, pero nada parecía fuera de lo normal hasta que bajó a las mazmorras. Allí había un monstruo alado que emitía unos sonidos grotescos, a los cuales se le unieron otros provenientes de los pisos superiores. Corrió escaleras arriba y comprobó que unos pequeños demonios rojos con dientes afilados estaban destrozando el vestíbulo.
—Carne fresca –—dijo uno de ellos acercándose a la joven—. Ven, ven con nosotros, no tengas miedo.


Sofía gritó y echó a correr por el jardín, huyendo de aquellos monstruitos que querían devorarla. Se detuvo frente a una estatua de piedra y escribió: «Apareció un arco de cristal junto a la estatua de piedra de un joven a caballo que me llevará a casa». Uno de los demonios le tiraba del pelo cobrizo mientras agitaba las alas. Sofía pensó en Slark, él siempre portaba una espada. «La espada de la estatua cobra vida y viene a mí». Sofía cogió la espada y dió estocadas a diestro y siniestro mientras se aproximaba al arco de cristal. Cuando se disponía a cruzarlo, unas grandes manos le aprisionaron el tobillo izquierdo. Con un grito cortó las manos de su agresor, dio unos pasos atrás y se vio a sí misma en su habitación con la espada ensangrentada.

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